Nace Nadine

Era el auto de mi tío. A diferencia de Lola, Nadine siempre perteneció a la familia.  Desde su compra inicial en el año 1955, fue pasando de una generación a otra. Siempre fue un auto bello con los mismos colores que tiene actualmente. Se compró en la sucursal que tenía la agencia Chevrolet en San Antonio de los Baños por aquel entonces. Cuando su anterior dueño, mi tío por vía materna, enfermó, pensó a quien le dejaría su auto como herencia. Lo amaba tanto que no quería pensar que este auto se vendiera ni saliera del círculo familiar. Era algo preciado para él.  Sus hijos no tenían el más mínimo interés en repararlo.

 Decían que ese auto no tendría forma nunca más, que había perdido su esplendor. Realmente  estaba muy deteriorado por el paso del tiempo. Yo había estudiado Ingeniería Mecánica en la universidad y sentía pasión por los autos clásicos y antiguos. Parece que mi tío se percató de esto y decidió que me haría un traspaso de propiedad, confiaba en que lo cuidaría bien. Ahora es el orgullo de la familia: ver como después de tantos años vuelve a lucir las mismas curvas y formas.

 Aunque con otra misión, hoy sigue rodando por las calles de la ciudad La Habana tal cual lo concibieron sus creadores.

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